
Es que funciona así: Los Amas o los odias. Los caramelos media hora con su sabor a ametol (nombres que suenan a remedios si los habrán) son el anti-caramelo y no existe la neutralidad. Digo, no te da la mismo comerte un media hora que saborear tic tacs o masticar una caja de sugus confitados. Si sos de los que elegís los primeros, hay dos chances: O sos una vieja de 60 años o caíste presa del sabor a anestesia local que tienen los caramelos media hora y tu vida nunca será igual. Todos los enfermos que se compran bolsas o nacieron en la primera presidencia de Perón y nunca conocieron un verdadero caramelo o son gente copada como uno que cayó en la desgracia de volverse adicto para siempre- y esos son los peores, los irrecuperables.
Antes de conocer a esta monstruosidad, viví convencido de que los caramelos eran algo extraordinario; una receta infalible para compartir en cualquier momento y en cualquier lugar. Duros, masticables, para chupar, refrescantes, con juguito, en forma de pies... A la distancia, me doy cuenta de mi ingenuidad.
Siempre que alguien me ofrece uno, se abre un debate interno: ¿lo acepto- después de todo es sólo un caramelo- o lo rechazo? Con la mano temblando, estiro el brazo, tomo uno, lo abro, lo huelo ("no esta tan mal") y por unos segundos me convenzo de que soy un exagerado, de que realmente el sabor no es tan paupérrimo... pero cuando lo saboreo toda mi esperanza se va por el caño. Indignado concluyo que los caramelos media hora deberían venir con alguna advertencia- Comer estos caramelos es perjudicial para la salud. Ley 13.456- o que directamente deberían ser ilegales (diputados y senadores discutiendo por las retenciones cuando lo importante lo dejan de lado, ¡carajo mierda!). De algo estoy segura, el CEO de la compañía que los produce tiene que pudrirse en la cárcel. No estoy a favor de la pena de muerte pero en ciertas circunstancias..